domingo, 27 de abril de 2014

Diálogo Interno III: El culpable

—Por fin en casa — es la primera palabra que digo mientras deslizo la llave por la cerradura  y abro la puerta de mi hogar. Lanzo la mochila y como si una serpiente sujetara mi cuello me deshago de mi corbata, no hay tiempo para lo demás. Son cerca de las 8:30 p.m. pero el agotamiento mental y emocional, malditas culpas, drenan mi espíritu y devoran las fuerzas de mi cuerpo por lo que cuan cadáver  a su féretro me derrumbo en la cama. Espero que el barquero venga y me lleve a mi sueño, vacíos desde hace poco, no me hace esperar.
Pum. Escucho un sonido. Pum. Escucho de nuevo junto a un temblor en mi cuerpo. Pum. Por tercera vez se repite pero ahora con el acompañamiento de un ligero dolor en mi pecho y de una voz que parece venir de lejos, como cuando se conversa a través de un cristal, una barrera. Pum. Poco a poco las alas de la conciencia se despliegan y siento el rítmico retumbar y dolor en mi pecho y la voz se hace más clara. Cuando las nubes de la inconciencia se disipan completamente de mis sentidos una trémula luz que se filtra por las cortinas de mi ventana revelan parte de una frágil figura sobre mí, descargando alternada y constantemente sus puños en mi pecho a intervalos homogéneos reclamando con voz desesperada.
 ¿Por qué?  — dice con voz entrecortada — ¿No soy yo el que despierta felicidad en ti? — un golpe — ¿No soy yo quien te dice que es lo correcto? — otro golpe más — incluso yo soy quien te dice que es la indicada y soy yo quien te dice que algo va mal y te advierte de un posible daño — le escucho sin responder y acepto sus golpes — deja de culparte, deja de culparme a mí ¿No vez lo que nos haces? ¿No vez que permites que ese demonio se acerque a nosotros y nos atormente? No es tu culpa no es culpa mía — decía con lágrimas en el rostro o eso interprete en la penumbra — algunas historias acaban no por errores si no pro que su destino ha sido escrito así. No es mi culpa.
— Lo sé — respondo — lo sé — levanto mis brazos — lo sé — le abrazo — es difícil — contesto — sus golpes cesaron y con ello su voz de protesta. Pasó el tiempo y al sueño se entregó. Le bese la frente y al sueño le acompañe.

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