miércoles, 30 de abril de 2014

Oh dulce delirio! De mi has un esclavo
De mi pensamiento un cirio al pie de tu altar
Muéstrame esa ingenua sonrisa
Esa silfide de delicada y sensual figura
Esa mirada que mi corazón detenga

Isaías Augusto

Camino a casa

Navegando, atrapado en esta jaula infernal, al lado de otras almas condenadas y cansadas, muchas con un extinto brillo en sus ojos, algunas sonríen, no deben estar muy sanas de sus cabezas, otras ya con signos de putrefacción que con el calor de este draconiano Sol eleva los humos de los cuerpos muertos que intoxican mi olfato y por si el mismo averno no fuese ya despiadado este cruel barquero sigue cosechando, arrojando más y más cuerpos exiguos de voluntad al interior de esta ya miserable y apretada barca, chocando unos con otros tratando de buscar un mejor sitio que no torture sus costados de su ya agotada humanidad.

Con cada parada que este Caronte realiza, algunas pobres almas escapan, sin embargo, son aún más las que su avara y glotona barca engulle y siempre con su repetitivo y vociferante anuncio “¡Aún caben más!, ¡Muévanse!”, no puede ser más insufrible este demonio. Ya vendrá mi oportunidad de ser libre pero mientras el momento llega comparto este viaje con estas desgraciadas esencias. La barca se detiene ¡Es mi oportunidad! Me lanzo a la libertad fuera de las entrañas de esta prisión y toco tierra firme. De inmediato mis carnes sienten alivio y mi nariz respira una atmosfera libre de miasmas. Miro al frente, mi destino es claro: las puertas del Edén. Inicio mi caminata sintiendo el peso muerto no solo de mi materia sino también de mi espíritu, más la esperanza me brinda alas y diligente llego a mi destino. Abro la puerta que obstruye mi camino y soy recibido por el más hermoso de los ángeles.

—¿Cómo estuvo tú día? — inquiere.
—Cansado — contesto. Ella me dirige su más hermosa sonrisa y me rodea con sus abrazos. La bruma oscura que me rodeaba se aleja y la pesadez de mi cuerpo se aligera.
—Ya estás en casa —me dice sin soltarme.
—Ya estoy en casa — le contesto a mi cama


Isaías Augusto

domingo, 27 de abril de 2014

Diálogo Interno III: El culpable

—Por fin en casa — es la primera palabra que digo mientras deslizo la llave por la cerradura  y abro la puerta de mi hogar. Lanzo la mochila y como si una serpiente sujetara mi cuello me deshago de mi corbata, no hay tiempo para lo demás. Son cerca de las 8:30 p.m. pero el agotamiento mental y emocional, malditas culpas, drenan mi espíritu y devoran las fuerzas de mi cuerpo por lo que cuan cadáver  a su féretro me derrumbo en la cama. Espero que el barquero venga y me lleve a mi sueño, vacíos desde hace poco, no me hace esperar.
Pum. Escucho un sonido. Pum. Escucho de nuevo junto a un temblor en mi cuerpo. Pum. Por tercera vez se repite pero ahora con el acompañamiento de un ligero dolor en mi pecho y de una voz que parece venir de lejos, como cuando se conversa a través de un cristal, una barrera. Pum. Poco a poco las alas de la conciencia se despliegan y siento el rítmico retumbar y dolor en mi pecho y la voz se hace más clara. Cuando las nubes de la inconciencia se disipan completamente de mis sentidos una trémula luz que se filtra por las cortinas de mi ventana revelan parte de una frágil figura sobre mí, descargando alternada y constantemente sus puños en mi pecho a intervalos homogéneos reclamando con voz desesperada.
 ¿Por qué?  — dice con voz entrecortada — ¿No soy yo el que despierta felicidad en ti? — un golpe — ¿No soy yo quien te dice que es lo correcto? — otro golpe más — incluso yo soy quien te dice que es la indicada y soy yo quien te dice que algo va mal y te advierte de un posible daño — le escucho sin responder y acepto sus golpes — deja de culparte, deja de culparme a mí ¿No vez lo que nos haces? ¿No vez que permites que ese demonio se acerque a nosotros y nos atormente? No es tu culpa no es culpa mía — decía con lágrimas en el rostro o eso interprete en la penumbra — algunas historias acaban no por errores si no pro que su destino ha sido escrito así. No es mi culpa.
— Lo sé — respondo — lo sé — levanto mis brazos — lo sé — le abrazo — es difícil — contesto — sus golpes cesaron y con ello su voz de protesta. Pasó el tiempo y al sueño se entregó. Le bese la frente y al sueño le acompañe.

sábado, 26 de abril de 2014

Pétalos

No recuerdo el día pero era otoño, esos días llevaba en mi alma una vacío y una tristeza, mis pasos eran lentos y pesados y mis ojos vagamente miraban algo más que el suelo, no había nada que valiera la pena mirar. Una tarde, los muros de mi habitación parecían mirarme, acosarme, sofocarme por lo que decidí caminar a un parque y sentarme a respirar, sin embargo, pensamientos oscuros como cuervos torturaban aún mi alma, aún cargaba con la tristeza y el vacío ¿Cuánto tiempo pasó? No lo sé, pero en cierto momento una figura se acercó a mí.

—Joven, no debes sentirte así — Dijo una melodiosa voz de mujer. Levante la mirada y le vi. Llevaba un vestido rojo con algunos adornos blancos, su silueta era exquisita, esa la misma representación de la juventud y la sensualidad, llevaba en su cabello un conjunto de flores de bellos colores y de una belleza acentuada aunque ella parecía adornar a la flores. Mientras le miraba ella sonreía con la más encantadora de las sonrisas, tomó una de las flores que yacían en su cabello y me la ofreció — Toma, es para ti.

—Está marchita — replique.

—Pero volverá a florecer, si cuidado tienes. Sus marchitos pétalos caerán poco a poco y en algún momento otros nuevos y más hermoso ocuparan su lugar. Un día una linda chica buscará una flor y esa flor será esta — decía mientras sostenía su mágica sonrisa.

—Lindo pensamiento — conteste y tomé la flor ofrecida y mientras le miraba le pregunto sin mirarla sino observando la flor — ¿De verdad crees que eso pasará?

—Nací en esta tierra, la de tus antepasados. Soy la bella flor, la flor preciosa, el pájaro florido y con ese regalo que te he dado te concedo mi favor

— ¿Qué quieres de…?—detengo mi pregunta pues a levantar mi mirada ella ya no se encontraba. Miré de un lado a otro pero no pude verla —No importa — dije — ¿De verdad florecerá de nuevo? — Pregunte a mis adentros mientras sonreía — lo esperaré — me levante del asiento en el que estaba y emprendí de nuevo mi camino a casa, guardando en mi pecho una flor que perdiendo sus pétalos está.

Isaías Augusto
Lo que espero es que llegue el día en que por accidente nos volvamos a encontrar y nuestro diálogo sea una sonrisa y nada más.

Isaías Augusto

viernes, 25 de abril de 2014


Naufrago, en este oscuro océano de pensamientos
Etéreas, gélidas aguas que afligen y embaten mi corazón
¡Oh bella Luna!, guíame pues solo veo este insondable mar
Brinda tú amable luz a este que en su fuerza desconfía
O envía uno de tus luceros a hacerle compañía

Isaías Augusto
Cuan aciaga hemotoxina, corrompes, dañas
Amedrentas mi sonrisa, contaminas mis palabras
Amargas memorias y al olvido alimentas
Maldito orgullo. Maldito rencor.


Isaías Augusto
Humildes son las posesiones de este caballero
Unos pies para andar por el camino que yo elija
Unos ojos para ver el cielo y el paisaje
Si eso no basta para hacerme compañia
Suerte, que Dios te bendiga


Isaías Augusto
Tu nombre un misterio, misterio que en fantasía mi mente crea, fantasía que en deseo se convierte.

Isaías Augusto
No hay elogio, poema o canción que no se te haya dicho ya en honor a tu belleza, no hay suficientes palabras ni con todos los idiomas o dialectos juntos existentes o por crearse que puedan describir tú hermosura, pero yo puedo hacerlo todo con una sóla palabra. Sólo tengo que decir tu nombre.

Isaías Augusto
Un beso, un beso y con un cálido abrazo inicia este bello y triste ocaso y le observo mientras poco a poco el fuego en el cielo se extingue y el rostro del más hermoso Sol se aleja.
Miro firme, sereno, siempre sonriente hasta que el día muere y el palio de la oscuridad envuelve al firmamento.
Oh! chismosas estrellas, sólo ustedes son testigos de está lágrima que en mis labios muere, labios que no abandonan su sonrisa, un favor les pido, digan a la aurora que en este sitio a un sonriente caballero partir vieron.


Isaías Augusto

Diálogo Interno II: El caballero

—Saludos caballero
—Saludos pequeño — responde mientras voltea a verme un hombre de edad madura. En su mirada yace la evidencia de que ha visto cientos de situaciones que ninguna persona debe de ver y esa mirada es adornada con una sardónica sonrisa — ¿Qué haces aquí?, los niños no acostumbran a visitarme, yo soy quien va a ellos.
—Ya no soy un niño señor — le respondo un poco indignado.
—Aún te falta pequeño, y mucho ¿Qué haces con es botella? — dijo mientras apuntaba a mi mano derecha.
—He venido a beber con usted — levanto y sacudo en el aire la botella — es buena — al decirlo el caballero suelta una pequeña carcajada denotando lo poco que le importa el asunto.
—Debes saber que toda bebida por mejor y más dulce que sea amarga se vuelve conmigo.
—Lo sé — contesté sonriendo al mismo tiempo que destapaba la botella y arrojaba la tapa — no la necesitaremos — y se la entregué.
—Tomó la botella sin protesta y dio un largo trago sin derramar una sola gota. Mira la botella, me mira y dice — es buena y como te he dicho ahora te sabrá a hiel y con su sabor vendrá el peso de las alegrías muertas — extendió su mano a mí para entregármela — ¿Aún quieres beber?
—Es parte del crecer — respondí y escancie el pomo en mi boca, el trago era como fuego que quemaba mis entrañas y deja vacío el interior. Tosí como un primerizo arrojando parte del líquido sobre mí. Un rubor asomó por mis mejillas por la vergüenza del suceso. Mientras esto ocurría el caballero se levanta y palmea mi espalda.
—Nadie lo soporta pequeño, no importa si ya bebieron conmigo, ya sea porque voy de colado a su vida o como tú lo hacen voluntariamente. No disfruto de lo que hago, el dolor, la pena es mi trabajo y tú lo estas enfrentando jovencito. Venga ese trago que ahora es mi turno y aún no se acaba.


Isaías Augusto
Saludos y buen día, tarde o noche. Después de que un amigo me recomendara hacer un blog, de lo cual ya fue hace bastante tiempo, por fin he decidido hacerlo ¿De qué? Bueno, no soy un poeta o un escritor habilidoso, ni debería mencionar que lo soy,  pero tiendo a demostrar mis sentimientos o estados de ánimo de una manera que es poco común en un ingeniero, sobre todo uno que siempre le habla a las computadoras, y eso es escribiendo.

Un escritor hace uso de su ingenio, creatividad y talento para plasmar y transmitir sus sentimientos a su lector, la inspiración solo es un complemento. Yo no puedo ni mover la pluma si no es por inspiración.

Les doy la bienvenida y espero les agrade los pequeños trozos de mi alma que escribiré en este humilde blog.