viernes, 9 de mayo de 2014

Una Sombra

Amo la lluvia, esos rítmicos golpes, magistrales percusiones que las gotas interpretan al entregarse a su destino, fatídico destino. Adoro el dulce aroma de la tierra al humedecerse, dulce y apacible perfume, sin embargo, esta noche, la lluvia es distinta, parece que algo se va de mí, algo escapa con cada gota que cae, me debilita, y parece hundirme  más y más en este sillón que yace en el centro de mi habitación, arrancando las sonrisas de mis recuerdos, sumergiéndome en la más profunda oscuridad, oscuridad que oportunamente me abraza al instante que un relámpago funde las luces de mi hogar. Siento el olvido, me siento arrojado, desechado. 

—Hace tiempo que no te veía — Escucho de repente una voz aterciopelada y profunda, amorfa, incapaz de identificar si la fuente de las palabras son de un cuerpo de mujer u hombre y, además, imposible determinar de dónde provenía.

—¿Quién está ahí? — Pregunto y me incorporo parcialmente de mi asiento — ¿Cómo entraste?

—¿Quién soy? ¿No me reconoces? — habla pausadamente, disfrutando el efecto de opresión que su voz, su veneno, produce en mí. Si las serpientes pudiesen hablar, su voz sería la que esta persona posee, sarnosa, parsimoniosa y con cada sílaba que su boca interpreta sería un veneno que se desliza por los oídos y llega directo al corazón, afectando su compás cotidiano, debilitándolo. La voz continuó  — Pobre de mí — dice con burla y, podría decirse, con regocijo desde algún punto de mi habitación; parece que se mueve alrededor de mi habitación, más sólo oscuridad veo y nada más— Y yo que soy como una tímida enamorada, siempre detrás de ti, ocultándome cuando volteas, más no lo suficiente rápido para que no me veas, tanto tiempo persiguiéndote para poder verte de frente y sólo me dices “¿Quién eres?”.

—No puedo verte — respondo con cierta inseguridad en mi voz, su presencia misma causa alteraciones en mis nervios — No sé quién eres.

—¿Quién? — parece haber detenido su asecho, y habla desde un solo sitio, sin precisar a qué distancia — ¿Preguntas quién? —Sigue sin moverse — No soy un “Quien” — susurra de pronto tan cerca de mi oído que casi siento el movimiento de sus labios en mi piel, rasgando mi cordura como gusanos devorando un cadáver. El espanto me llega de tal forma que ni un grito puedo dar,  levanto mi cuerpo del sitio de donde estaba, como si fuese un lunático siendo sometido a un electroshock directo, y en mi huida, impacto con una de las paredes de mi habitación, caigo sentado e inmediatamente me coloco de espaldas a la pared, escrutando la oscuridad más nada puedo ver. 

— ¿Qué eres? — logro decir tartamudeando. Siento la vibración de sus pasos en el suelo, parece descalzo, puedo escuchar el sonido amortiguado de sus pies, y algo más, un sonido más estridente que se percibe cuando, creo yo, inicia un nuevo paso; tiene garras en los pies.

—Soy un murmullo en la noche — Comienza diciendo — Un rasguño en tu puerta — se escucha a mi derecha — Esa sombra que percibes por el rabillo del ojo y desaparece al ser buscada — ahora a mi izquierda — Soy los pasos que puedes escuchar cuando vas solo — ¡Atrás! — Soy el grito que te despierta aún del más dulce sueño — sigue deslizándose por mi cuarto — Soy esa risa que destroza el alma. La presencia que siempre está a tu espalda  — Se detiene frente a mí. Puedo oír cómo se sienta en el lugar donde estaba yo sentado — Y he venido a recordártelo pequeño cobarde — Una marejada de recuerdos llegó a mi cerebro, momentos en los cuales le había percibido, momentos en los que dejé escapar a la felicidad por escuchar a esta entidad, momentos que no podrán volver.

—Te recuerdo — le conteste. Estas palabras parecieron fungir como un hechizo, una invocación para lo nefasto; un rayo impactó contra la tierra y su fulgor abrió una grieta en la oscuridad a través de mi ventana. Como una rasgadura en la puerta del más insondable abismo, el cual espera devorar todo a su alcance y condenar a toda alma a los más horridos terrores. Por un instante ¡Mis ojos! ¡Mis ojos le vieron! Y con ello se debilitó todo baluarte con que mi cordura contaba, como un moho maligno y veloz que consume los cimientos de una fortaleza y esta cae ante una fuerza atacante. ¡Bendita sea mi capacidad mortal! Fueron sus limitaciones las que no me permitieron contemplar en su totalidad a este engendro de las tinieblas y guardar registro alguno de sus formas, sus espantos, sin embargo, no puedo olvidar esa horrible mueca en lo que podría ser, si de una analogía hablamos, su rostro, era una burla, una blasfemia a la sonrisa humana, un grotesco espectáculo que vivirá en mi mente hasta el día en que deje de funcionar o mi corazón se vuelva tan fuerte como para ignorar, afrontar las distracciones y espantos de este ser, de esta sombra que me vigila: el miedo. 

Isaías Augusto

4 comentarios:

  1. Wow! Ciertamente la atmosfera que logras crear es impresionante! Al estarlo leyendo, sientes esa desesperación que provoca el estar siendo" acechado" y no saber que hacer! Muy muy bueno!

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Saludos, gracias por tomarte el tiempo y comentar. Lo agradezco mucho

      Borrar
  2. este me gusto bastante, podrías mejorarlo con un poco más de descripción, acuérdate que eso es lo que ayuda al lector a sentir lo que tu personaje, y sabes me gustaría que hiciéramos un video para este, algo sencillo y experimental, solo para probar, que te parece?

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Gracias pequeña.
      En cuanto a la descripción, te refieres a lo general o en algunas partes? me es de mucha ayuda, saber eso.
      Es interesante lo del video, me encantaría! Más no actuo he =D

      Borrar