domingo, 25 de mayo de 2014

Amigo Mensajero


–Ven, mi amigo, ven. Necesito de tus diligentes alas – Grito desde la más alta de las cumbres. Muevo mis ojos a mi alrededor, buscando cualquier indicio de que he sido escuchado. Pasan algunos momentos y escucho el fuerte, y constante,  aleteo de unas enormes alas que hacen mover las copas de los árboles.
–Aquí estoy – Escucho decir a  mi amigo, no busco de dónde proviene su voz, ya que a él no se le puede ver – habla pues tengo prisa. Hay melodías que quiero crear, poetas a los cuales sosegar o inspirar y perfumes que entregar a los enamorados.
–He escrito algunos pensamientos en esta hoja de papel – levanto la hoja mencionada. Debió haberla tocad con sus dedos invisibles, pues la hoja se movió estando en mi mano.
–¿Una carta de amor? – inquiere mi amigo.
–No – contesto – son una serie de pensamientos que he creado para ella. Quiero que los memorices y en los momentos en que no pueda estar con ella se los susurres al oído. Este es para cuando esté triste – le indico con mi dedo el lugar en la hoja –  este es cuando esté estresada o nerviosa – indico otro lugar – y así hay varios. Ya sabrás cuales decirle.
–Entiendo – me contesta – debo irme ya – en seguida me arrebata de las manos la hoja. Escucho de nuevo el sonido de sus alas y veo como se alejan esos pensamientos escritos en ese trozo blando de papel – los he memorizado – me grita a la distancia – ya no necesito esto – al decir esto la hoja de papel cae al suelo a cierta distancia de donde yo estaba.
–Uno siempre puede contar contigo – digo en un susurro – cuento contigo, mi amigo el viento.

Isaias Augusto

domingo, 18 de mayo de 2014

Sonrie

Por amor no se pelea o se compite, sólo se presenta una sonrisa, si la devuelven y perdura, la mágia se crea, si no, sigue sonrieno.

Isaías Augusto

miércoles, 14 de mayo de 2014

¿Valió la pena, pequeña?


Tantas cosas que quiero preguntarte pequeña, escuchar de tu voz las maravillas y asombros que viste en tu viaje, preguntarte de lo fantástico del paisaje de todos los lugares que con tus limitaciones pudiste vislumbrar. Preguntarte de las conversaciones que pudiste haber tenido con cada una de tus hermanas viajeras, de lo maravilloso que debe ser sentir el viento danzar a tu lado mientras tu travesía perduraba, de los sueños que tenías: encontrarte con una flor o los labios de una persona . Tantas cosas quiero preguntarte pequeña, preguntarte si, a pesar de tú ya conocido y fatídico destino ¿Valió la pena el vertiginoso descenso? Mírate, yaces moribunda en mi ventana igual que muchas más de tus hermanas y antes de que te unas a las que ya han muerto, dime, ¿Valió la pena el viaje, pequeña gota?

Isaías Augusto



sábado, 10 de mayo de 2014

Un buen amigo



Hoy te reencuentro, mi buen amigo,
Y con ello redescubro tu talento sin parangón alguno, un compositor, un director.
Admiro la forma en que diriges esta enorme orquesta, el mundo.
Eres capaz de hacer bailar hasta la más nefasta de las nubes,
Capaz de interpretar magistrales notas con tus improvisados instrumentos,
Capaz de crear, con gran genio, las más hermosas melodías, perfectas, irresistibles, sublimes,
Las cuales, me transporta entre alas de ángeles a los más altos y placenteros paraísos,
Y has desvanecido un pequeño fantasma en mi alma.
Hoy te redescubro, mi buen amigo.


viernes, 9 de mayo de 2014

Una Sombra

Amo la lluvia, esos rítmicos golpes, magistrales percusiones que las gotas interpretan al entregarse a su destino, fatídico destino. Adoro el dulce aroma de la tierra al humedecerse, dulce y apacible perfume, sin embargo, esta noche, la lluvia es distinta, parece que algo se va de mí, algo escapa con cada gota que cae, me debilita, y parece hundirme  más y más en este sillón que yace en el centro de mi habitación, arrancando las sonrisas de mis recuerdos, sumergiéndome en la más profunda oscuridad, oscuridad que oportunamente me abraza al instante que un relámpago funde las luces de mi hogar. Siento el olvido, me siento arrojado, desechado. 

—Hace tiempo que no te veía — Escucho de repente una voz aterciopelada y profunda, amorfa, incapaz de identificar si la fuente de las palabras son de un cuerpo de mujer u hombre y, además, imposible determinar de dónde provenía.

—¿Quién está ahí? — Pregunto y me incorporo parcialmente de mi asiento — ¿Cómo entraste?

—¿Quién soy? ¿No me reconoces? — habla pausadamente, disfrutando el efecto de opresión que su voz, su veneno, produce en mí. Si las serpientes pudiesen hablar, su voz sería la que esta persona posee, sarnosa, parsimoniosa y con cada sílaba que su boca interpreta sería un veneno que se desliza por los oídos y llega directo al corazón, afectando su compás cotidiano, debilitándolo. La voz continuó  — Pobre de mí — dice con burla y, podría decirse, con regocijo desde algún punto de mi habitación; parece que se mueve alrededor de mi habitación, más sólo oscuridad veo y nada más— Y yo que soy como una tímida enamorada, siempre detrás de ti, ocultándome cuando volteas, más no lo suficiente rápido para que no me veas, tanto tiempo persiguiéndote para poder verte de frente y sólo me dices “¿Quién eres?”.

—No puedo verte — respondo con cierta inseguridad en mi voz, su presencia misma causa alteraciones en mis nervios — No sé quién eres.

—¿Quién? — parece haber detenido su asecho, y habla desde un solo sitio, sin precisar a qué distancia — ¿Preguntas quién? —Sigue sin moverse — No soy un “Quien” — susurra de pronto tan cerca de mi oído que casi siento el movimiento de sus labios en mi piel, rasgando mi cordura como gusanos devorando un cadáver. El espanto me llega de tal forma que ni un grito puedo dar,  levanto mi cuerpo del sitio de donde estaba, como si fuese un lunático siendo sometido a un electroshock directo, y en mi huida, impacto con una de las paredes de mi habitación, caigo sentado e inmediatamente me coloco de espaldas a la pared, escrutando la oscuridad más nada puedo ver. 

— ¿Qué eres? — logro decir tartamudeando. Siento la vibración de sus pasos en el suelo, parece descalzo, puedo escuchar el sonido amortiguado de sus pies, y algo más, un sonido más estridente que se percibe cuando, creo yo, inicia un nuevo paso; tiene garras en los pies.

—Soy un murmullo en la noche — Comienza diciendo — Un rasguño en tu puerta — se escucha a mi derecha — Esa sombra que percibes por el rabillo del ojo y desaparece al ser buscada — ahora a mi izquierda — Soy los pasos que puedes escuchar cuando vas solo — ¡Atrás! — Soy el grito que te despierta aún del más dulce sueño — sigue deslizándose por mi cuarto — Soy esa risa que destroza el alma. La presencia que siempre está a tu espalda  — Se detiene frente a mí. Puedo oír cómo se sienta en el lugar donde estaba yo sentado — Y he venido a recordártelo pequeño cobarde — Una marejada de recuerdos llegó a mi cerebro, momentos en los cuales le había percibido, momentos en los que dejé escapar a la felicidad por escuchar a esta entidad, momentos que no podrán volver.

—Te recuerdo — le conteste. Estas palabras parecieron fungir como un hechizo, una invocación para lo nefasto; un rayo impactó contra la tierra y su fulgor abrió una grieta en la oscuridad a través de mi ventana. Como una rasgadura en la puerta del más insondable abismo, el cual espera devorar todo a su alcance y condenar a toda alma a los más horridos terrores. Por un instante ¡Mis ojos! ¡Mis ojos le vieron! Y con ello se debilitó todo baluarte con que mi cordura contaba, como un moho maligno y veloz que consume los cimientos de una fortaleza y esta cae ante una fuerza atacante. ¡Bendita sea mi capacidad mortal! Fueron sus limitaciones las que no me permitieron contemplar en su totalidad a este engendro de las tinieblas y guardar registro alguno de sus formas, sus espantos, sin embargo, no puedo olvidar esa horrible mueca en lo que podría ser, si de una analogía hablamos, su rostro, era una burla, una blasfemia a la sonrisa humana, un grotesco espectáculo que vivirá en mi mente hasta el día en que deje de funcionar o mi corazón se vuelva tan fuerte como para ignorar, afrontar las distracciones y espantos de este ser, de esta sombra que me vigila: el miedo. 

Isaías Augusto