sábado, 9 de agosto de 2014

Podrían



Son cientos los versos que mis manos y labios podrían crear.
Crear leguas de fuego sobre el viento con el rose de la yema de un dedo o movimiento de mi boca
Podrían crear un sortilegio cuyo conjuro haga caer en éxtasis hasta al más puro ángel.
Podrían crear un poema capaz inocular en un crescendo pasión y rubor a su lector.
Podrían, si esta, ahora pequeña máquina carmín, funcionara.

Isaías Augusto Sánchez Hernández







Imagen: http://jalopnik.com/5325411/bob-lutzs-mechanical-heart-needs-lubrication-daily

domingo, 3 de agosto de 2014

Canción de Cuna



Intoxicado y desorientado me acerco a su lecho, donde duerme tranquilamente. Al llegar a su lado, me arrodillo a su cama. Contemplo embelesado la belleza de su rostro y con mayor atención esa eterna sonrisa que sus labios parecen siempre dibujar. Acerco mis labios a su oído.

— Luces hermosa, mi pequeño ángel. Diosa de la sensualidad, alegría y belleza entre las sílfides náyades. 

Retiro un poco mi rostro del de ella y guio mi trémula mano a su rostro. Acaricio su cabello rojo y lentamente acaricio su mejilla. Mientras hago esto le comienzo a susurrar.

— No hay estrella que iguale el fulgor de tus ojos verdes. Inmensos campos donde siempre me pierdo. No hay Sol que coloree este mundo como hace tu sonrisa con el mío. Rompiste mi orgullo y lo doblegaste ante ti. Transformaste a esta alma de piedra en hombre, un hombre libre y solitario que se ha esclavizado a ti. No puedo contar las alegrías que has tatuado en mí. No existen suficientes palabras de agradecimiento que pueda decirte por todas ellas. No hay tiempo para inventarlas.

Me incorporo y beso su frente, su mejilla y sus labios. Una vorágine se sentimientos y sensaciones se agitan en mi interior, explotando, chocando y fundiéndose, tratando de buscar un escape.

— Mi pequeño ángel. Espero escuches mis palabras a través de tu sueño — vuelvo acercar mis labios a los suyos y les beso — Duerme y sueña bien. Te amo.

Y entonces esos sentimientos en mi interior encontraron escape a través de mis lágrimas, intérpretes silenciosas de esa canción que se le dedica al bien dormir de los muertos.

Isaías Augusto Sánchez Hernández




viernes, 1 de agosto de 2014

Caminata

—Listo — me dije a mi mismo. Ajusté mi chamarra, revisé las baterías de mi lámpara, di un pequeño golpe al piso con la punta de mi bota, esbocé una sonrisa y dirigí mis pasos a la oscuridad de la noche. Era una noche tranquila, no había una sola luz, sólo el pequeño haz de mi lámpara rasgando la espesa oquedad de las sombras. Disfrute de la paz de mi caminata, escuchando cada uno de los sonidos a mí alrededor, los grillos afinando de sus violines,  al viento usando como cuerdas de un arpa a los pastizales y el más agradable de todos, el retumbo de mis pasos sobre el suelo y la hierba. Y así continué, con mi orgullo en alto y blandiendo mi sonrisa.
No paso demasiado tiempo cuando el lúgubre cielo comenzó a despojarse de sus oscuras nubes, rebelando un hermoso jardín de flores brillantes, danzarinas. Una vista hermosa. Poco a poco, las formas del horizonte parecían definirse, pude ver algunos valles y montañas, el destello de algún silente rio no muy lejos, algunos árboles solitarios y un pequeño sendero por el que decidí continuar  mi paseo. Sonriendo, sintiendo el viento en mis mejillas y por entre mis dedos y aspirando su fresco perfume.

—Soy mi propio reino — me dije a mi mismo.
Tan perdido en mis propio mundo, que no percibí el momento en que una pequeña estrella bajó hacia mí, trémula, insegura, a pasos irregulares.
—Bella noche — dice al llegar donde yo.
—Bella noche — le contesto mientras sigo caminando.
—¿Puedo preguntarle algo? — inquiere tímidamente la estrella
—Por supuesto
— ¿Qué hace un caballero, caminando solitario por la noche?
—Emprendí un paseo, sin destino seguro. Para disfrutar de mí mismo, del perfume del viento y del sonido de mis pasos. — contesté.
—¿Y no se siente sólo?, es una oscura noche, yo podría acompañarle y alumbrar su camino.
—Lo siento. Ya tengo una lámpara para iluminar mi camino — le digo sonriendo — No soy la compañía que buscas, no puedo darte la seguridad que buscas y no podrás seguir mis pasos. Agradezco tu oferta, pero quiero seguir mi camino

No contestó. Permaneció en su sitio y yo seguí mi camino. A unos cuantos metros, vi el destello de otra estrella acercándose. Su resplandor era regular, acompasado e hipnotizante.
—Bella noche, galán — saluda con una voz suave.
—Bella noche — le contesto.
—¿Por qué tan solo esta noche?
—Emprendí un paseo, sin destino seguro. Para disfrutar de mí mismo, del perfume del viento y del sonido de mis pasos. — contesté.
—Yo podría acompañarlo, mi luz es más brillante que las otras y podría ofrecerle algo de calor en el camino.
—Lo siento — comienzo diciendo — Me es suficiente abrigo esta chaqueta que llevo y mi ego podría chocar con el tuyo, resultando en una compañía incómoda. Agradezco la oferta, pero no, gracias.

No contesta y se marcha, y yo continúo con mi caminata. De nuevo, después de caminar cierta distancia, una estrella danzarina y alegre se acerca a mí.
—Bella noche, caballero — saluda
—Bella noche.
—¿Por qué tan sólo en esta bella noche?
—Emprendí un paseo, sin destino seguro. Para disfrutar de mí mismo, del perfume del viento y del sonido de mis pasos — contesto por tercera vez
—Yo podría acompañarte, dibujar una sonrisa en tu rostro y bailar contigo por el camino.
—Lo siento. Ya tengo conmigo una sonrisa y estas botas fueron hechas para caminar, no para bailar. Le causaría muchas molestias. Agradezco la oferta, pero no, gracias.
No contestó. Siguió, danzando, su camino y así, seguí con el mío. Después de caminar, mirando al horizonte, levanté la mirada al cielo.
—Ya casi no hay estrellas — me dije a mi mismo. Ajusté mi chamarra, revisé las baterías de mi lámpara, di un pequeño golpe al piso con la punta de mi bota, esbocé una sonrisa y seguí mi camino.

Isaías Augusto Sánchez Hernández